Marca exactamente ciento veinte segundos y elige entre tres opciones concretas: desechar, experimentar o comprometer recursos. Las alternativas deben estar escritas, con impacto esperado y coste. Si nadie defiende una opción en veinte segundos, se descarta. La urgencia filtra ruido y protege el foco.
Divide el minuto inicial en diagnóstico relámpago y el segundo en decisión. Primero, una frase sobre el problema y una cifra que lo pruebe. Después, declara el siguiente experimento, responsable y plazo. Sin diapositivas, sin correo. Solo voz, pizarra y compromiso inequívoco.
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